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Poema:  ALMA DE MILENIOS
©Miriam Ramos
1
Una noche
de luna plateada
el viento susurraba
palabras a mi oído:
mitos, leyendas
e historias coaguladas,
fluían suavemente,
por la piel
de mis sentidos
y casi yo palpaba
el canto de los dichos;
¡De pronto!...
sobre mi frente
se alzó un remolino
y me encontraba yo
en medio de la nada
luchando con los mitos.
-¡Oh! silencio, silencio
ya están todos dormidos-
esta voz extraña
llegó hasta mi oído.
-Alerta, alerta....-
y se escuchó un grito.

2
Entre las brumas
del extraño paraje
una forma se abría
que parecía acercarse.
-¿Quién eres?-pregunté.
y supo contestarme:
-Soy el alma de los siglos,
que quiere confesarse-

-¿Y por qué a mí?-
le pregunté al instante.
-Porque tú eres el alma
de cada voz errante-

-Yo solo soy testigo
de arena y mar,
de viento y aire;
solo sueño y vivo
en las lánguidas tardes,
¿Por qué alma de siglos,
buscas en mí
tú confesarte?-

3
-Porque ha sido
tu conciencia
quien vino a despertarme...
escúchame, lo pido,
ahora, en este instante,
tengo todo resumido,
después, será muy tarde-
-Muy bien, te escucho
procede a confesarte-
4
Yo he sido entre los vivos
la arcana interrogante
por todos pretendida
sin poder alcanzarme,
mis entrañas abiertas
han querido
auscultarme
sin respuesta se han ido
y a todos he vencido
sin nada contestarles.

5
Confieso haber mentido
a todos en su cuna
y haberlos confundido
con verdades extrañas.
Yo he sido el velo oculto
la sin razón que vaga
el aroma perdido
de todas las fragancias.
es  mi valor la suma
de todo oro y plata.

6
Por mí han sucumbido
los hombres de tu raza
por cuestionar mi origen
por indagar falacias
descifrando verdades
continuas que no acaban.
Yo siempre he vagado
por todos los caminos
con mi antifaz errante
y he sido por los sabios
bendita y maldecida,
¡adorada pensante!

7
He sido de los pueblos
¡arena, polvo y sangre!
miseria carcomida
y tesoro invaluable;
he sido colocada
en todos los altares
y a todos he burlado
saciando sus manjares.

8
En años primitivos
me hicieron
piedra imagen,
en fuegos sorprendí
a todos en los valles.
¡Volcán fui
por vez primera!
para todos endiosarme,
entre humo y ceniza
se hicieron mis altares.
9
Confieso que en mi furor
de atributos salvajes
mi garganta bebiera
sangre en los rituales.
¡Oh! que algún dios terrestre
se apiade de mis males
y de todas esas ánimas,
que aún gimen en los valles!

10
Confieso haber tatuado
el sol en toda espalda
la luna haber clavado
en todas las miradas.
Yo fui el ave fénix
de plumas matizadas
que en vuelos elevó
esencias enlazadas;
en los cielos. halcón fui,
también águila
de negras alas,
otras aves muchas fui
también, paloma blanca;
en las selvas fui el tigre,
Perseguido entre mil lanzas
y otras tantas bestias
dejando mis pisadas.

11
Fui serpiente y dragón
en cuevas solitarias
y en las noches yo fui,
los ojos disfrazado
de una felina gata.
Mi leyenda fue una voz
que nunca fue saciada.
¡Habrá un dios que perdone
todas mis hazañas!

12
¡Oh, errante voz!
¡alma literaria!
igual quiero que sepas
que en el desierto
fui  también la morada.
y guía en las tinieblas
de reyes en mortajas;
que mi muerte fue la vía,
que condujo a la alborada
a vidas afligidas
que dejaron escritas
sus súplicas y plegarias,
en muros y tumbas
ocultas de mi casa.
¡Oh! que un dios piadoso
baje ya su mirada
y lea todas esas culpas,
que en mi libro dejaron
esas, tan pobres almas!
13
También aquí confieso
viajado a continentes
y con mi paso tracé
la estela diferente;
también mi voz
hice escuchar
entre el río, la lluvia
y  el viento serenamente.

14
Fui la tierra seca
también la tierra fértil,
la muda luna fui
y  sol mágico al poniente.
Para algunos fui
oráculo o destino
para otros, ¡sólo suerte!
muchos nombres recibí
nómbrándome mil veces
por los siglos, las edades
por siempre y para siempre...
15
Para resumir;
confieso ser la culpa
por tantos sacrilegios
¡odio, guerra, lucha,
hambre, peste!
cruzadas de miseria
que causaron
tanta muerte;
por mi causa  han quedado
¡muchedumbres
desterradas;
soy el alma carcomida,
la antigua piedra
del arcano sellado,
y de aquella llamarada,
tan sólo ceniza
respiro por dentro,
¡dime! voz que escuchas
esta alma en destierro,
¿algún dios podrá,
perdonar mis inaciertos?
16
-No te disculpes alma
que no estás en lo cierto
¡alma de mil siglos!
que a mi acudes en silencio,
recuerda que te dije
que tan sólo yo era
testigo de aire, arena
mar y viento
y en las lánguidas tardes
sueño. vivo y pienso;
tú has querido nombrarme
el alma literaria
y la voz errante
quién despertó
tu inmenso sueño,
y por ser la escogida
este será mi acuerdo:
Absuelvo yo tus culpas
con sangre de mis versos
que mis rosas y espinas
-de verano e invierno-
coronen tu osadía
¡Oh, alma de milenios!

-end-
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Sentimientos