EL VERSO EN MI


1
No es que yo
buscara el verso,
es que él me descubrió a mí.
Se hizo espejo de mis horas,
se hizo ruta en mi destino,
sombra en mi penumbra
y lentamente
cabalgó hasta mí.


2
No es que precisara yo
un enlace de palabras
para definir silencios,
nostalgias y suspiros;
es que el verso solitario
convocó al silencio asiduo,
se hizo abrigo
de mis noches
y en mi cuna hizo nido.

3
Yo no quise nunca,
¡jamás lo pretendí!
encadenar el verso,
¡augurio de añoranzas!
al filo de mi pluma,
sedienta de palabras,
es que él se hizo preso
por sí mismo
de mis ansias.

4
Jamás imaginé
que un murmullo de mis labios
que un suspiro de mi pecho
que una loca fantasía
de ilusiones y de sueños,
atrajera hasta mí,
¡aquel verso tan intenso!

5
Pero… ¡qué sorpresas da la vida!
cuando el tiempo te da heridas,
y en un rincón solitario
la soledad se hace amiga;
y llega el verso paso a paso
descansando en tu regazo,
te hace señas definidas
descifrando tus quebrantos.

6
Yo no quise perpetuar
el verso en mi presencia,
tampoco eternizar
palabras en secuencia,
es que el verso,
¡diminuta efervescencia!
se embriagó de mi destino,
sin yo quererlo,
¡haciéndome poeta!

Y creció el verso con mi sombra
para siempre con mis horas.


Miriam Ramos
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