EN SUS DOMINIOS
(a la Poesia)



1
Hasta aquí…
los árboles mecían sus hojas verdes y amarillas;
al viento sus ramas abrazaban   y jugaban con la brisa.
Hasta aquí...
el sol, en el cielo radiante se veía,
un arcoíris de colores irradiaba
y las nubes, a lo alto sonreían.
Hasta aquí…
el camino era un camino de llanuras sin llovizna,
un atardecer hermoso, y un prado verde florecía;
las mañanas eran tibias.  ¡solaz eran los días!

2
Hasta aquí…
las noches vigilaban, en paz y sin fatiga
lejanas las estrellas,   eran siempre guías;
el coquí a lo lejos  su canto difundía,
…los tiempos eran largos y las horas no se iban;
el rostro dibujaba su más ancha sonrisa.
...las huellas se borraban, pues el paso era de prisa;
y la tierra estaba seca. pues la lluvia no caía.
Hasta aquí…
el cielo era horizonte, el espacio maravilla
los misterios eran retos la ciencia, no era esquiva
¡Dios era divino!, ¡un ángel protegía!

3
…pero un atardecer en que el sol se distraía
las sombras dieron paso, las noches fueron frías
las estrellas se opacaron, la luna se fundía
el coquí no se escuchaba
(las hojas de los árboles caían)
...y las nubes a lo alto estrenaban su llovizna.








4
...fue entonces cuando se enfrentaron
(por vez primera), las noches y los días
dioses y demonios, afanes y desdichas
dudas y temores, muecas y sonrisas
inquietas emociones, llamas encendidas
¡fuego de verdades, fuego de mentiras!
el hombre se hizo verbo, ¡el alma no fue niña!
un credo sofocaba, ¡calló el ¡avemaría!
un silencio se apropiaba, un himno afligía.

5
Algo extraño se asomaba
pues la brisa no era brisa
pues la noche se alargaba
porque Dios no aparecía.
Y mientras ella, la inseparable,
se amoldaba sin afecto
en sus dudas y temores;
ella, la llama inmortal surgía de repente,
presumida y galante,  y como diosa ataviada
se hizo dueña y se apropió:
de los credos y los himnos
los silencios y plegarias
las dichas y pesares,
las lluvias y las tardes, la brisa y la noche,
.los árboles con frutos, .los árboles sin hojas
la ciencia y lo divino, lo justo, lo inhumano
lo cierto, lo ignorado, dictamen y pecado,
(...y el sol le respondía);
así también al verde prado
disfrazó de fantasía
a la verdad y la mentira,
a lo grato y lo no grato.

6
Y hasta hoy, esta llama en mí domina;
hasta siempre sus presagios
¡hasta siempre primavera,
invierno, otoño y verano!
hasta nunca, (si ella así lo afirma)
todo lo invaluable
que su decir haya nombrado.



Miriam Rmaos Ramos/dr
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