Iluminada
(poema en tres tiempos)


1
Plegaria Nocturna

Préstame estrella tu luz radiante,
lánzame al pecho tus rayos de luz.
Envíame luna tu fulgor nocturno,
ilumina mi cuerpo, que está moribundo,
Mi alma que clama y que habita
nocturnos sin luz.
Brillen luceros y cambien su ruta
lanzándome al pecho estrellas sin fin,
trasládese el cosmos, todas las galaxias
absorban mi pecho, mi cuerpo febril.
Hieran mi cuerpo, cristales de estrellas
y derramen mis venas la sangre nocturna
¡roja, violeta, púrpura!
que  pinten de rojo todos los cielos
y en llamas la noche, lluevan volcanes
que inunden los ríos, sofoquen los mares
(mis mares nocturnos, sombríos sin olas);
Navegue por ellos mi frágil alma.
y todo calor que arda en las aguas,
evapore mis ansias, mis congeladas ansias,
que enfrían mi pecho, mi corazón que es hielo,
que habita en mi pecho, mi pecho que encierra
estrellas dormidas, estrellas que un día
poblaron los cielos radiantes de luna,
sin lluvias nocturnas, que hoy nublan mi cielo
mi cielo empañado, mi cielo sin ti.


II
Esperanza Matinal

Si todas las estrellas, luceros, galaxias
y luna también que eres lumbrera,
ni siquiera a encender mi pecho
se asoman, ni intentan; entonces,
apague Dios para siempre mis noches
y brille el sol en mi alborada.
Atraviesen los rayos del astro mi pecho,
salpiquen a mi alma, trozos de esperanza.
Sea un sol vivo, mi ahora sol muerto,
sea la luna y sus cómplices luceros,
en mi rescatada vida,
tan sólo un leve recuerdo;
la luz que es del mundo
sea perenne en mi cuerpo,
sea el sol radíante, único astro
presente en mi pecho.
¡Olviden estrellas, luceros, galaxias
el ruego de un alma, un corazón de hielo,
porque amanecida y en calma  
despertó esta mañana en mi pecho,
toda la luz del mundo, que inunda mi alma
que es el principio y final del Verbo.



III
Espera Vespertina        

Tú habitarás amor, radiante y diurno,
ya no serás, sombrío y nocturno.
Que mi pecho se abre y respira
y presiente mi alma tan cerca tus pasos.
Rayos de luz me tienden tus brazos,
formas en sombras, tangibles se forman.
Claros mis sueños, radiantes se tornan,
espera mi vida, tan clara de espuma
a tu vida que arde, ¡tardes sin lluvia!
a tu vida que es vida, para irradíar destellos.
Dos vidas serán una y dos almas desnudas
iluminarán los cielos; descanse el sol su rutina.
Tu alma y mi alma serán, del sol su reflejo.
porque tú y yo seremos principio
y rayos de un sol eterno.



©Miriam Ramos
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