Romance de la Nochebuena


Era la nochebuena,
la noche santa,
la noche más linda,
la más deseada.
..y allí en la ciudad,
todos reían,
todos cantaban.

y allí se escuchaban
coros de niños,
sonar de cámpanas.
Era la nochebuena,
la noche más santa.
Pero allá a lo lejos
tras una ventana
los ojos más tristes,
de una mirada…
¡la hija del duque!
soñando un regreso,
allí vigilaba.
Cuentan su historia,
allí en la plaza,
que hace diez lunas,
su amor se marchaba,
que el duque, ¡su padre!,
a dicho romance
se opuso sin causa.
Y ella quedó, sola
muy triste,
y todas las noches,
por él lloraba,
porque ni las riquezas
que su padre le daba,
llenaban de gozo,
su corazón y alma.
Muy tarde entendió
su padre,
que pobres y ricos,
también se aman.
Al ver a su hija,
tan sola y tan triste,
pidió al morirse,
que le perdonara.
Era la nochebuena,
la noche más santa,
y los ojos más tristes
aún vigilaban,
allí en la penumbra,
tras una ventana.
Cuenta la historia
que una estrella
a lo lejos,
esa noche brillaba,
guiando los pasos,
de un fiel amante,
que allí regresaba.
¡Eran las doce,
de la nochebuena!,
¡un coro de niños,
y las campanadas!
ricos y pobres,
allí se encontraban!
¡La hija del duque!,
y su amante en silencio,
¡por fín se abrazaban!.


Miriam Ramos Ramos

Romance de la Nochebuena


Era la nochebuena,
la noche santa,
la noche más linda,
la más deseada.
..y allí en la ciudad,
todos reían,
todos cantaban.
y allí se escuchaban
coros de niños,
sonar de cámpanas.

Era la nochebuena,
la noche más santa.
Pero allá a lo lejos
tras una ventana
los ojos más tristes,
de una mirada…
¡la hija del duque!
soñando un regreso,
allí vigilaba.

Cuentan su historia,
allí en la plaza,
que hace diez lunas,
su amor se marchaba,
que el duque, ¡su padre!,
a dicho romance
se opuso sin causa.
Y ella quedó, sola
muy triste,
y todas las noches,
por él lloraba,
porque ni las riquezas
que su padre le daba,
llenaban de gozo,
su corazón y alma.
Muy tarde entendió
su padre,
que pobres y ricos,
también se aman.
Al ver a su hija,
tan sola y tan triste,
pidió al morirse,
que le perdonara.

Era la nochebuena,
la noche más santa,
y los ojos más tristes
aún vigilaban,
allí en la penumbra,
tras una ventana.
Cuenta la historia
que una estrella
a lo lejos,
esa noche brillaba,
guiando los pasos,
de un fiel amante,
que allí regresaba.
¡Eran las doce,
de la nochebuena!,
¡un coro de niños,
y las campanadas!
ricos y pobres,
allí se encontraban!
¡La hija del duque!,
y su amante en silencio,
¡por fín se abrazaban!.


Miriam Ramos Ramos
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