VERSO ANONIMO



Este verso me llegó anónimo,
mi alma, (cómplice de verbos)
lo depositó al borde de mi cama,
dio la espalda muy deprisa
y marchó descalza, sin decirme nada.
Como fiel testigo del silencio,
despacito y con calma,
desenvolví el tejido que cubría,
aquel verso sin palabras,
que me hacía burlas y piruetas
en el borde de mi cama.


Era un verso misterioso,
tenía ojos de gacela
¡y por dios les juro!
que aquel verso
a mi rostro vigilaba.
¡Ah! pero que alma indispuesta
que lanzó este verso
que me mira y no me habla.
Yo le dije: ¡oye, verso!
¿qué poeta te expropió
haciéndote extranjero?
Mudo y callado verso
verso blanco en cero
verso, en letras solitarias.


Aquel verso, no me dijo nada,
se acurrucó en silencio
quedándose dormido
en lo ancho de mi cama;
yo quise despertarlo
empujarlo de mi cama;
...pero un verso niño
que sonríe y juega
que te mira y mira
a los ojos de tu cara,
un verso que sonríe
balbuceando besos,
deletreando ansias;
un verso que rendido
se duerme plácido
¡huérfano de alma!, un verso así,
-aunque fuese anónimo-
merece su refugio
en estas blancas sábanas
de sedas blancas páginas.

Duerme verso anónimo
blanco y sin palabras
¡mañana al salir el sol
te conseguiré tus alas.




©Miriam Ramos Ramos
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